Miraba entre las rocas los bigotes, silencito me acercaba, metia rápido mi mano agarrando al camaron y lo aventaba a la arena. En un ratito sacaba rehartos.
Me metia al matorral de otates y en medio encendia unos palos, los dejaba que se quemaran y cuando sólo quedaban las brazas ponía los camarones.
Comía camarones hasta hartarme.
-¡Gordito, gordito!, ¿Dónde estás, gordito?
-¿Por donde se fué?
-¡No sé!
-Lo vi por aquí.
-¡Gordito!
-¡gordito!
Escuche que caminaban al rededor del matorral.
-¿Gordito,gordito?
-¡Ahorita salgo!
-¡Te dije que por aqui lo vi!
Salí con un monton de camarones en las manos.
-¿Que haces ahi adentro gordito?
-¿Y esos camarones quien te los dio?
-Yo los agarre, espéreme tía.
Me volví a meter al matorral. Sali con más camarones.
Mi tia se los puso en el mandil.
-¡Pa que coman!
-¿Y tu gordito?
-¡Uuy ya me comí rehartos!
-Ya ves, te dije que el gordito es relisto.
En la tarde, que me habla mi tia.
-A comer gordito.
Mi tia acomodo los camarones con una salsa.
-¡Sabian regüenos!
Con eso comieron dos dias.
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