Una vez llegaron unos señores, querían que mi tío los cruzara por el rio.
Mi tío dijo que si.
Había llovido muy fuerte en la noche, iban ya a medio río, cuando un señor sintiendo muy fuerte la corriente jaló las riendas, el caballo giro en dirección a la corriente y el rió lo jalo con tóyo y caballo.
Yo corrí y me sambuí en el rió, tenía buenos ojos y pude ver como el agua le daba vueltas.
-¡viene por acá!-
y me volvía a sambuir.
-¡gordito no lo agarres!-me gritaban mis tíos
-¡está por acá!-
al sambuirme de nuevo, el señor me sintió y trato de agarrarse de mi, me solté como pude y salí.
-¡va a salir por allá!-señalé.
mi tío corrió y desde un tronco logro agarrar al señor.
El caballo salió solito más abajo.
1 comentario:
Adoraba a mi abuelito, cada vez que nos contaba esas historias.
Publicar un comentario